jueves, 12 de agosto de 2010

Mirífico... César Vallejo

Mi mentor
No encuentro palabras para expresar mi admiración y estupor por ti. Cuando tenía 12 años descubrí tu riqueza de pensamiento, destreza y habilidad con la pluma. Desde aquel momento no puedo prescindir de tu poesía.
Eres absoluto, definitivo e incondicional.


Dados Eternos

Para Manuel Gonzales Prada, esta
emoción bravía y selecta, una de las
que, con más entusiasmo, me ha aplau-
dido el gran maestro.



Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡Tú no tienes Marías que se van!



Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él!



Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado…
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.



Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


Amo tu obra poética inspirada en el  titánico dolor humano.




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